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miércoles, 24 de marzo de 2010

RODOLFO GAONA



















RODOLFO GAONA JIMENEZ
"EL CALIFA DE LEON"

Matador de toros. Nació en León, Guanajuato, el 22 de enero de 1888.

Alternativa
Fecha: 31 de Mayo de 1908.
Lugar: Tetuán de las Victorias, España
Padrino: Manuel Lara "Jerezano"
Testigo: Mano a Mano
Ganadería: Basilio Peñalver
Toro: "Rabanero"

Confirmación
Fecha: 5 de Julio de 1908.
Lugar: Madrid
Padrino: Juan Sal "Saleri"
Testigo: Tomás Alarcón "Mazzantinito"
Ganadería: González Nandín.
Toro: "Gordito"

Se retiró el 12 de abril de 1925 en el Toreo de la Condesa de la Ciudad de México.

Falleció en México, Distrito Federal, el 20 de mayo de 1975.







































Para conocer mas del Matador de toros Rodolfo Gaona:


Rodolfo Gaona
El Califa de León
Autor: Lauro Treviño
Sei, S.A., 1975.














El Maestro de Gaona
Autor: Guillermo Ernesto Padilla
Cia. Editorial Impresora y Distribuidora, S.A., 1987















Rodolfo Gaona, El Indio Grande
Historia y Leyenda, Luz y Sombra
Autor: Eduardo J. Barceló
Publicaciones Paralelo, 1975.















Mis veinte años de torero
El libro íntimo de Rodolfo Gaona
Autor: Carlos Quirós "Monosabio"















RODOLFO GAONA, CENTANARIO DE SU ALTERNATIVA
Aquel 31 de mayo de 1908, en Tetuán

Artículo de Miguel Ángel García publicado en ESTO, el 27 de mayo de 2008

El próximo 31 de este mes se cumple el centenario de la alternativa del maestro Rodolfo Gaona, la cual tomó en Tetuán de las Victorias, de manos de Manuel Lara "Jerezano", ante ganado de don Basilio Peñalver.

Para enfocarnos al tiempo y los sucesos, previos a dicho doctorado, hemos tratado el tema en cinco partes: el día en que Rodolfo Gaona conoció a su maestro, Saturnino Frutos "Ojitos"; la llegada a Madrid de ambos; su presentación en la plaza de Puerta de Hierro -lugar cerca de Madrid-; la alternativa, y por último, las reacciones después del doctorado.

Todos los datos que a continuación se reproducen, fueron tomados del libro: "El Maestro de Gaona", escrito por el destacado escritor taurino don Guillermo Ernesto Padilla.

EL ENCUENTRO

Los señores Manuel Malacara y Puente presentaron a "Ojitos" con don Timoteo Carpio, propietario de los billares Montecarlo, en León, Guanajuato, por ser su establecimiento sitio de reunión de torerillos. Diariamente y con una paciencia digna del bíblico Job, Saturnino atisbaba horas enteras desde un sitio estratégico, esperando descubrir los presuntos alumnos para su academia.

Constantemente le eran presentados muchachos de diversas edades y diferentes rasgos físicos, pero ninguno lograba interesarle. Al maestro le bastaba un leve vistazo para saber si daban o no el tipo; así es que cuando los chavales no mostraban los atributos apetecidos, ni siquiera perdía con ellos un minuto de su tiempo.

Cierto día llegó por ahí ¡el típico brillante sin pulir con que soñaba! Fue el señor Carpio quien hizo las presentaciones entre el muchacho y el maestro. Veamos cómo relata Rodolfo en "Mis Veinte Años de Torero", aquel encuentro:

"-¡Anda, tú que quieres ser torero (le decía la noticia don Timoteo a Rodolfo), ha venido un torero ya viejo que fue banderillero de "Frascuelo" y que le dicen "El Ojitos" y quiere hacer una cuadrilla de chiquillos. Más tarde vendrá por aquí y te lo presentaré. ¡A ver si le convienes¡

"En efecto, poco después llegó Saturnino, muy serio y bien trajeado, negro hasta los pies vestido, con cuello de pajarita y ..!Con bombín¡... Yo le cobré, desde luego, un gran respeto.

Me presentaron. Hablamos...

"-Muchacho, me dijo, ¿tú quieres ser torero?

"-Sí, señor, le contesté.

"-Pues yo quiero hacer una cuadrilla de toreros, pero una cuadrilla modelo, de toreros que sepan estar en sociedad y portarse como gente decente..."

Después de una larga arenga a las que tan afecto era "Ojitos", hubo que hablar con la madre de Rodolfo a fin de obtener su autorización para que el muchacho ingresara a la escuela, condición sin la cual ningún solicitante podría ser admitido.

La señora, aunque no de muy buen agrado, acabó otorgando el permiso.

LLEGADA A MADRID

Rodolfo Gaona, quien arribó a Madrid un gélido día del mes de febrero de 1908, impulsado por el anhelo de todo torero, no sólo iba a pisar la máxima plaza del país de los toros, sino abrir con su arte las puertas de todos los cosos de España, para que a ellos tuviera acceso la torería azteca que iba a sucederle. Acompañaba al torero mexicano su maestro.

En la estación del ferrocarril los había recibido una hermana y varios sobrinos de "Ojitos", para llevarlos a vivir al barrio de Chamberí, uno de los más clásicos de la Villa y Corte, en la calle de Jordán número uno.

Aún no se quitaban el polvo del camino cuando ya Saturnino, ansioso por volver a ver a su Madrid amado, se había echado a la calle en busca de viejos amigos a quienes abrazar. Llevaba con él a Rodolfo, para írselos presentando.

Y éstos, como era natural, cuando les fue presentando al joven mexicano, entre curiosos e intrigados, preguntaban:

-Bueno, y, ¿a qué habéis venido a Madrid?

-A que tome aquí la alternativa mi discípulo, Rodolfo Gaona.

-¿Rodolfo qué?

-¡Gaona!

Una vez que se hubo cumplido para con los amigos, "Ojitos" y Rodolfo se encaminaron hacia las oficinas de la empresa madrileña, establecida en un edificio de La Puerta del Sol. El empresario era don Indalecio Mosquera, un gallego al que apodaban "El hombre de las gafas de oro".

Ya ante él, Saturnino, tras un breve pero indispensable preámbulo, pidió al empresario una corrida en la que su discípulo tomara la alternativa.

-Y ¿quién es su discípulo?, inquirió Mosquera.

-El mexicano Rodolfo Gaona, contestó con aplomo "Ojitos".

-¿Rodolfo qué? Yo no le he oído mentar nunca.

Veamos cómo refiere Gaona este hecho:

"Ya habían llegado los toreros que hicieron la temporada en México y que me habían visto y pregonaban lo que yo sabía hacer. Había llegado también la prensa de México, que hablaba de mis éxitos, y don Indalecio decía no saber quién era yo. 'Ojitos' amainó. Pidió algunas novilladas y, si la cosa salía bien, entonces que me dieran la alternativa. Pero el gallego no quiso darme toros... Ahí lo que se necesitaban eran relaciones, dinero y saber dar coba muy por lo fino, y nosotros no teníamos de eso".

Parece mentira que Gaona, con éxitos tan resonantes como los obtenidos en ruedos importantes de su patria, especialmente en los de la capital, fuese a tal extremo ignorado en los medios taurinos de Madrid. Acaso haya sido por la poca importancia que allí se daba a lo que en materia de toros ocurría en México. Así las cosas.

UNA HOMBRADA

Los días de la semana transcurrían sin que el empresario madrileño se ablandara, maestro y discípulo comenzaban a desesperarse ante el fantasma de un regreso a México sin que Rodolfo hubiese actuado siquiera una vez en un ruedo español.

Cuando toda esperanza de un contrato en la catedral del toreo quedó disipada, el insomne "Ojitos" concibió la idea de organizar una encerrona de invitación en la que Gaona lidiara dos toros en privado. Sería en una plaza modesta, pero ante una selecta concurrencia. Asistiría la prensa especializada, toreros, ganaderos y taurinos de los más connotados de Madrid. Acaso aquello fuera la salvación.

El proyecto era audaz, casi suicida, porque el muchacho se lo iba jugando todo en una sola carta. Esto da idea de las circunstancias por las que atravesaban mentor y alumno; pero también de la enorme confianza que "Ojitos" tenía en Rodolfo.

Redondeado el plan, Saturnino se lo comunicó a Gaona para pedirle su parecer:

-¿Te atreverías, Rodolfo?

-¡Ahora mismo, señor! Todo, cualquier cosa, menos regresar a México sin haber toreado aquí.

El leonés, sin dos meses sin ponerse delante de un toro, con el natural desconocimiento del ganado español, lejos de su patria e ignorado en España, se decidía a enfrentar aquella prueba ante la crítica más conocedora, severa y exigente del mundo. Y eso, visto desde cualquier ángulo, ¡era una hombrada!

El proyecto estaba redondeado, pero las posibilidades económicas para sufragar los gastos que originara la fiesta, eran nulas, pues los ahorrillos llevados de México estaban a punto de extinguirse. En momentos de agobio como aquel era cuando la mente de "Ojitos" volaba hacia León en busca de su eterno salvador, don Manuel Malacara, para demandarle su ayuda. Nervioso, pero lleno de esperanza, Saturnino envío a don Manuel una extensa carta informándole de la situación que él y Rodolfo estaban viviendo en Madrid, la que le orillaba a organizar una encerrona de invitación para poder dar a conocer a su discípulo en la capital española. Al final de la epístola, solicitaba de su amigo un préstamo de trescientos pesos.

Saturnino, seguro de recibir aquel dinero, alquiló la plaza de Puerta de Hierro, en las goteras de Madrid; adquirió dos toros de la vacada de Bañuelos y mandó imprimir unas bonitas invitaciones.

La tarde del miércoles 1 de abril de 1908, en un ambiente de curiosidad, más que de interés, el vetusto y pequeño coso se vio pletórico de gente importante del mundo taurino, pues allí se dio cita la crema y nata de la afición madrileña. Destacados críticos, toreros, ganaderos, apoderados y muchos aficionados. Ese fue el jurado ante el cual Gaona sustentó examen aquella tarde. ¡A ver qué otro torero mexicano o de cualquiera otra nacionalidad ha pasado por una prueba como esta!

Rodolfo, vistiendo ropilla que más que traje corto le daba una apariencia de seminarista pobre, causó una grata impresión entre tan selecta concurrencia. Su serenidad, tranquila valentía y maneras clásicas, le granjearon desde el primer momento la simpatía de aquel público. Lamentablemente las malas condiciones de los toros que lidió impidieron que el muchacho leonés desarrollara su toreo todo arte, elegancia y armonía.

El público abandonó complacidísimo la placita de Puerta de Hierro; los toreros preocupados, comentaban muy por lo bajo: "Menúo niño, la de moños que va a quitá". Por lo que hace a la prensa, ésta sólo tuvo elogios para la actuación del discípulo de "Ojitos".

Sólo el ex torero, Luis Mazantini, discrepó de las anteriores opiniones, pues cuando cierto periodista le pidió su parecer acerca del mexicano, exclamó en tono pontifical y alzando la voz para ser oído: "¡Nada!, ¡nada! ¡Que de una india jamás podrá nacer un torero!.. Y se quedó tan fresco.

LA ALTERNATIVA

No bastaron los conceptos elogiosos que vertió la prensa sobre la labor de Gaona en la encerrona de Puerta de Hierro, para conmover al empresario de la plaza de Madrid. "Ojitos", persuadido de ello, rentó el coso de Tetuán de las Victorias, en uno de los barrios de Madrid, para que en su ruedo tomara Rodolfo la alternativa. El suceso tendría lugar el 31 de mayo (1908) cuando Manuel Lara "El Jerezano" diera el espaldarazo al torero mexicano lidiando ambos un encierro de don Basilio Peñalver. Un doctorado modesto, de acuerdo con las circunstancias.

Muy activo anduvo "Ojitos" invitando gente importante que presenciara el festejo. Así fue como asistieron a él escritores taurinos de gran talla; Saturnino se valía de cuanto estaba a su alcance para rodear de la mayor solemnidad el acontecimiento. Aquella alternativa de Gaona en Tetuán equivalía a arrojarle el guante al empresario de la plaza grande. Transcribimos aquí, por curiosa, la nota que "Ojitos" incluyó en los programas, la cual decía así:

"Deseando los organizadores de esta corrida complacer las justas aspiraciones de la afición madrileña, deseosa de ver torear al modesto y aventajado torero mexicano Rodolfo Gaona, discípulo del ex banderillero del famoso espada 'Frascuelo', Saturnino Frutos 'Ojitos', no han titubeado en arrendar para dicho día este popular y conocido circo taurino, habiendo adquirido una bien presentada corrida de toros de acreditada ganadería y reconocida su divisa por el inteligente público madrileño; han contratado al aplaudido matador de toros Manuel Lara 'Jerezano' y al espada mexicano Rodolfo Gaona, quien tomará la alternativa, confiando, más que en sus propios méritos, en la inigualable benevolencia de los buenos aficionados de esta capital . Por lo tanto, no dudamos en que el público corresponderá a este sacrificio que nos hemos impuesto".

La actuación de Rodolfo constituyó un triunfo auténtico, como lo aseveran las reseñas publicadas por destacados críticos españoles, de quienes se transcribe la impresión de José de la Loma "Don Modesto", cúspide de la crónica taurina en aquella época: "No soy un profeta, y, además, está el oficio muy desacreditado como para caer en tentación. Creo, sin embargo, que en Gaona hay un pistonudo lidiador de reses bravas".

DETALLES Y REACCIONES

Los nombres de los toros que lidió Rodolfo respondieron a: Rabanero, el de la alternativa, berrendo en negro; y Regatero, castaño. Este último un burel imponente, cogió a Gaona en el instante en que metía una estocada hasta las cintas. Cuando el barbián rodó patas arriba, una enorme multitud se arrojó a la arena para sacar a hombros al lidiador azteca.

Para regresar a casa lo hizo "Ojitos" en un modesto "simón" (calandria) acompañado de su sobrino "El Algeteño", sobresaliente en aquella corrida; por Francisco Alarcón "Maera", quien sirvió a Rodolfo las espadas, y por el banderillero mexicano Alberto Cosío "Petaterito de México", que desde 1906 se encontraba en España.

La casa de la familia de Frutos y todo el barrio de Chamberí estuvieron de fiesta aquella noche por el triunfo de su torero. Al día siguiente escribió Saturnino varias cartas para México, siendo la primera para don Manuel Malacara: -se reproduce parte de la misiva- "Así es que ya llegué a mi deseo lleno de satisfacción y gloria, de lo cual usted y todos los de León estarán orgullosos de que de esta población de tantos humildes artesanos haya salido de mi lado el primer torero de verdad, mexicano, y el que no tardará en ponerse a la altura de los mejores de España".

El 28 de junio repitió Rodolfo en el coso Tetuán. En tal ocasión se encerró solo con cuatro toros de la vacada de Peñalver, como el doctorado del mexicano había levantado polvareda en Madrid, la plaza registró una entrada mayor que la de dicho festejo.

Don Ignacio Mosquera, intrigado por todo lo que se hablaba de Rodolfo Gaona, mandó llamar a "Ojitos" para proponerle que su pupilo confirmara la alternativa en la plaza de Madrid.

Hasta aquí parte del relato de don Guillermo Ernesto Padilla, que reproducimos de su libro, "El Maestro de Gaona".

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