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martes, 6 de abril de 2010

LORENZO GARZA


LORENZO GARZA ARRAMBIDE

Matador de toros. Nació en Monterrey, Nuevo León, el 14 de noviembre de 1909. Se presentó en la Plaza de toros "El Toreo de la Condesa" el 3 de mayo de 1931. Alternó con Antonio Popoca y Jesús González "El Indio" con novillos de La Punta. Se presentó en Madrid el 19 de marzo de 1933. Alternó con Diego de los Reyes y Diego Gómez "Lainez" con novillos de deon Ramón Ortega.

Alternativa
Fecha: 6 de Agosto de 1933
Lugar: Santander, España
Padrino: Pepe Bievenida
Testigo: Antonio García "Maravilla"
Ganadería: Celso Cruz
Toro: "Repentino"

Alternativa (2)
Fecha: 5 de Septiembre de 1934
Lugar: Aranjuez, España
Padrino: Juan Belmonte
Testigo: Marcial Lalanda
Ganadería: Angel Sánchez

Confirmación
Fecha: 25 de Noviembre de 1934
Lugar: México
Plaza "El Toreo de la Condesa"
Padrino: Jesús Solórzano
Testigo: Antonio García "Maravilla"
Ganadería: Zotoluca
Toro: "Tabaquero"

Confirmación
Fecha: 14 de Abril de 1935
Lugar: Madrid
Padrino: Manuel Jiménez "Chicuelo"
Testigo: Joaquín Rodríguez "Cagancho"
Ganadería: Ramón Ortega
Toro: "Cazador"

Falleció en la Ciudad de México, el 21 de septiembre de 1978.

LORENZO GARZA, TORERO POR LA GRACIA DE DIOS Y POR LA FIRMEZA DE SU CARACTER

Por Benjamín González Oregel
Publicado en el "Semanario Guía" el 3 de julio de 2010.

¡Garza. Garza, Garza! Se escucha el ensordecedor grito de las entregadas multitudes, durante la proyección de los filmes que, en las tardes de triunfo, mientras Lorenzo el Magnífico, recorre, en loor de gloria, el ruedo de la plaza.

Garza, encarna la otra cara de quienes ambicionan la gloria del toreo. Porque El Ave de las Tempestades se forjó en el yunque de la juventud ambiciosa, en lucha constante contra el infortunio, para domar la adversidad y conquistar gloria y millones… Fueron 35 años de dar la pelea, dentro y fuera de los ruedos, en los que Lorenzo, torero por la gracia de Dios y por la firmeza de su carácter, lidió y lo llevaron a ocupar el sitio de honor, la cumbre, en que se encuentra, en el ara del universo del toro.

Pararrayos

¡Garza. Garza, Garza! Porque Lorenzo fue, con Pepe Ortiz, Heriberto García, "Armillita", Balderas, Solórzano, "El Soldado", "Carnicerito", Arruza, Gorráez, Silverio, Rivera, David Liceaga, "Calesero", Procura, Capetillo, Córdoba y otros ases de la tauromaquia mexicana, representante de su tiempo, de su casta, sediento siempre de palmas. Fue quien, en los cosos de ultramar, exigía se le anunciara en los carteles con la prosapia de origen: de Monterrey, México.

La vida del Califa de Monterrey es una novela auténtica, una historia en la que la realidad supera a la fantasía; una gesta heroica, plasmada a través de sacrificios e humillaciones, triunfos y fracasos, aplausos y cornadas. Una guerra continua contra la adversidad y los obstáculos de toda índole que tuvo que superar para plantarse a la vanguardia de sus contemporáneos y ser el más taquillero, el más discutido, el más admirado, el que más cobraba, a quien se aplaudía y se atacaba, pararrayos de los más altos intereses y de las más bajas pasiones, base de carteles y eje de la fiesta durante muchas temporadas.

Inicio difícil

Nació en la Sultana del Norte el 14 de noviembre de 1908. Lorenzo, con la noble ambición de dar a su señora madre el máximo bienestar –viuda--: comprarle una casa y ofrecerle comodidades, se propuso ganar mucho dinero. Ofició de mensajero en la Estación del Ferrocarril del Golfo. En Tampico, probó suerte como marinero. De regreso a Nuevo León, se empleó en la mina de Cabrillas. Buscó la fortuna en el pugilismo. Sostuvo varias peleas, le destrozaron la nariz, y lo más que llegó a cobrar fueron ocho dólares.

Pero durante una visita que hizo a la peluquería vio una revista con la crónica de una corrida de toros. Le interesó el tema y, al saber que algunos ases del ruedo ganaban en una tarde hasta ocho mil pesos --de los de antes--, se despertó en él la afición --a los toros y al dinero-- y decidió jugarse la vida para llegar a cobrar tanto o más que las grandes figuras de La Fiesta. A escondidas, se iba a torear vaquillas en la ganadería de Golondrinas.

Viajaba de mosca en los furgones de los trenes, sin más amigos que sus sueños; y logró llegar a México. No fue fácil que lo tomaran en cuenta los empresarios de la plaza "El Toreo". ¡Son tantos los fenómenos que cada temporada llegan con sus programas de corridas pueblerinas, fotografías y recomendaciones, pidiendo un sitio en los carteles del coso metropolitano! Y, también, ¡son tantos los ilusos, los fracasados que año con año pasan de puntitas por la arena!

De 25, a 900 pesos

Lorenzo Garza se presentó la tarde del domingo 3 de mayo de 1931 en "El Toreo", con novillos de La Punta. Cobró veinticinco pesos. Se ha dicho que vistió un terno verde y oro, que había sido de Pepe Ortiz y le fue alquilado en treinta pesos por Chencho Torres; la camisa estaba marcada con el nombre de "Armillita"; y lució un capote de paseo, obispo y oro, que perteneció al Califa de León de los Aldama y se lo prestó su dueño, el entusiasta aficionado Enrique S. Méndez. El regiomontano salió en hombros y despertó gran interés por su valor, el asentamiento de su toreo y emotiva personalidad.

Hay quien asegura que, luego de ese primer triunfo, durante la semana que siguió, el regiomontano enfermó. Que ante la demanda del público porque repitiera, varios médicos lo auscultaron y declararon sano. Les extrañaba, empero, que el novillero no mejorara, y permanecía encamado. Había un contrato por una media docena de fechas más, con el mismo salario. Viejo lobo, el empresario, que atendía y escuchaba a los que llenaban los tendidos, que era quien pagaba las visitas de los médicos, acudió a la humilde vivienda que ocupaba el torero y sin más le preguntó: ¿con cuánto te alivias, muchacho? –Con 900 pesos por tarde –le respondió Lorenzo--. Y cumplió con lo acordado, previo ajuste salarial.

Había, en él, desde luego, la promesa de un diestro extraordinario. Su última actuación, como novillero, en México se dio la tarde del 10 de julio de 1932. Regresó a Monterrey con una fortuna: cinco mil pesos. Dejó tres mil quinientos a su señora madre, y con mil quinientos pesos se fue a España, a la conquista de un sitio y un nombre, de fama y gloria.

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