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jueves, 24 de junio de 2010

MARIO ESCOBEDO "EL REGIO"


MARIO ESCOBEDO OAXACA

Matador de toros. Nació en Monterrey, Nuevo León, el 25 de Octubre de 1956. Se presentó en la Plaza de toros México el 12 de junio de 1977, con el novillo "Ranchero" de la ganadería de Tenexac. Alternó con Alfredo Gómez "El Brillante" y Benjamín Magallanes.

Alternativa
Fecha: 3 de Diciembre de 1978
Lugar: Zacatecas, Zacatecas
Plaza de toros "Monumental"
Padrino: Raúl García
Testigo: Julio Vega "Marismeño"
Ganadería: Matancillas
















De niño soñador a torero con valor.

Por: "El Cabrito Mayor"
Publicado en "El Horizonte", el 13 de mayo de 2013.

En la rutina de su vida como ferrocarrilero, y compaginando con ella su gusto por la Fiesta Brava, don Mario Escobedo, junto con su esposa doña Esperanza Oaxaca, jamás se imaginaron que el destino les tenía preparada una sorpresa en la inocente infancia de su pequeño hijo Mario.
El mayor de seis hermanos y con quien el matrimonio se hacía acompañar para disfrutar las corridas de toros.
Corrían los finales de los 60 e inicios de los 70, cuando el pequeño Mario, de la mano de sus padres, comenzó a abrigar la idea de convertirse en torero, inspirado en las tardes de triunfos clamorosos y auténticos "agarrones` que le tocó presenciar de manos de Mauro Liceaga, Fernando de la Peña, Joel Téllez "El Silverio`, Américo Garza "Romerita`, y tantos otros que dejaron huella en aquella época taurina de la localidad.
Además, los papás del pequeño Mario tenían un sobrino que ya había sido novillero, hijo de un primo de don Mario, y por lógica consecuencia, Fernando Alvarado "El Canano ` se convertía en primo, aunque fuera lejano, del delgado y menudito niño soñador. A final de cuentas, la distancia en el parentesco de sangre, se estrechó gracias a la pasión por los toros de aquel par de muchachos.
Fue entonces cuando el pequeño Mario, quien soñando a ser torero le daba pases a todos sus hermanos y hermanas, con cualquier trapo cuando le pasaban de cerca, cambió su juego por la disciplina del entrenamiento serio de un profesional, como lo era su primo, el novillero Ferando "El Canano`.
Sus Padres, don Mario y doña Esperanza, sabedores de las dificultades por las que se enfrenta un aspirante a torero para poder llegar, inicialmente no se preocuparon, pensando que ese deseo se iba a ir desvaneciendo conforme los años y las responsabilidades fueran ocupando su lugar en la vida de aquel soñador pequeño.
Y fue así que, con mayor edad, el joven Mario continuó su vida y sus estudios, combinándolos con un empleo en las oficinas de la Antigua Casa Chapa. Pero contrario a los pronósticos de sus padres, aquel sueño torero del niño, no se diluyó con el tiempo, sino al paso del mismo, se agigantó.
Abrazado a sus "Sueños de Grandeza`, el ya joven Mario, acompañado de "El Canano` como cómplice, apoderado, ayudante, mentor, consejero, mozo de estoques, amigo, primo, y fiel escudero, un día, abordó a don Ramiro Luna, en aquel tiempo propietario de algunas carnicerías y empresario taurino de la Plaza de Toros de Cadereyta, para pedirle una oportunidad en una de las novilladas que él estaba montando.
El empresario se la negó argumentando el riesgo económico que él asumiría, si como novato, llegara a presentarse algún percance. A lo que el experimentado "Canano` contestó: "Mi torero ya lleva varias novilladas toreadas en varios pueblos, y en todas ha triunfado".
Don Ramiro, que si de algo chanela es de aguacates, no "tomó el engaño`, y con "muchas tablas` les respondió secamente: "Quiero ver las fotos... y luego platicamos".
Y la verdad, es que en el haber del joven Mario, los únicos toros, novillos o becerros que había toreado eran imaginarios. Estaban en las "instantáneas` de su mente, pues esos toros no habían pasado de ser sólo un sueño.
El "apoderado ` y su discípulo se cruzaron las miradas ante la fulminante respuesta de don Ramiro, y sólo acertaron en decir al momento de despedirse: "Luego se las traemos"... ese "luego` nunca llegó.
Pero Mario, en su ingenuidad ante lo "curtido` del empresario, y lo "toreado` de su "apoderado`, en su afán por conseguir la ansiada oportunidad, insistió telefónicamente, noche tras noche, por poco más de dos meses a don Ramiro para pedirle un lugar en alguna novillada.
Y fue así como, probablemente orillado por el hartazgo y hostigamiento telefónico del joven Mario, que Ramiro Luna cedió, y un viernes por la noche, en una de esas tantas llamadas, le anunció al muchacho: "Toreas pasado mañana, el domingo con "El Monterrey` y Gerardo Mantecón. Pero hay que vender 100 boletos, y quiero ver tus fotografías antes".
Con una emoción enorme y con un corazón a toda prueba, al día siguiente, el "torero` y su "apoderado" se dedicaron "colocar` el centenar de boletos y conseguir quién les prestara un vestido y los avíos de torear. Pero de las Fotos, nada. Con un: "Ya nos las enviaron, pero todavía no nos llegan", "muletearon por la cara` al ,empresario hasta la hora del inicio de la novillada.
Fue el 17 de mayo de 1975 cuando, sin siquiera haber toreado una sola becerra en su vida, Mario Escobedo aparece anunciado por primera vez en un cartel taurino de la Plaza de Toros de Cadereyta. En ese mismo cartel, por cuestiones del espacio, es bautizado involuntariamente como "El Regio`.
Y es que, a la hora de conformar el cartel, el empresario preguntó al torero: "¿Y cómo quieres que te anunciemos?", a lo que el joven Mario contestó: "Como "El Regiomontano`", en alusión al ferrocarril en el que trabajaba don Mario, con la intención de restarle "bravura`, "bautizándose de forma taurina en su honor`, pues a esas alturas ya se oponía tajantemente a que su hijo se hiciera torero.
Pero como no había cartel de toros en el que cupiera de corrido el texto: "Mario Escobedo "El Regiomontano``, sencillamente el linotipista abrevió, y circunstancialmente con esta acción "bautizó` profesionalmente al muchacho como "El Regio`.
Su debut, aunque no fue coronado con un triunfo, dejó ver su gran corazón, su entrega y sus deseos de convertirse en alguien importante en la fiesta y, aunque quedó todo "aporreado` por su novillo, fue quien salió mejor librado artísticamente en ese festejo, por lo que se ganó su repetición.
Con una técnica limitada al aprendizaje, adquirido en su primera novillada, y con unos pobres conocimientos teóricos soportados de las experiencias vividas por ˜El Canano` en su época novilleril, el flamante "triunfador` repite, pero en la venta de boletos para poder torear su segundo festejo.
Sorpresa causó el joven "Regio`, ante el cada vez mas numeroso público que acudió a ese festejo; su gran determinación al recibir a su novillo "de hinojos` para instrumentarle tres faroles, con lo que logró despertar el entusiasmo del concurrente y el cual se incrementó, pues a pesar de las maromas, achuchones y volteretas que recibió a lo largo de la faena, Mario regresaba cada vez "mas engallado` a la cara del toro, alzándose nuevamente con el triunfo.
Después de esa novillada, se empezó a crear mucha expectación en torno al arrojo y la temeridad de ese muchacho apodado "El Regio `, que de ser un joven con una personalidad bastante discreta, seria, y a la vez inocente por su corta edad, transformaba su semblante en alegría, pasión, entrega y valor con el sólo hecho de dibujar una breve sonrisa en su aún infantil rostro, al son del "Cielo Andaluz` a lo largo de todo el "paseíllo`.
Transpiraba y transmitía de manera natural el gusto por estar en la plaza, por vestir de luces que, aunque su delgado cuerpo no rellenaba la percha de la ropa prestada, lo portaba con orgullo y dignidad, misma que contagiaba en su gusto por torear, por estar en la cara del toro. Cada vez que era prendido, arrollado o maromeado, su reacción siempre, sin mirarse la ropa, era volver a la cara del toro.
Los ˜conocedores` no acertaban en descifrar si era valor o vocaci ón lo que este muchacho mostraba. Otros apostaban que el valor lo iba a perder a base de cornadas. Otros más decían que el muchacho no sabía torear, que no tenía futuro, que no iba a llegar a ningún lado. Más sin embargo, algo diferente estaba pasando en el ambiente de los toros.
La gente en los cafés y en los mentideros taurinos ya comenzaba a hablar de "El Regio`
Vinieron el tercero y cuarto festejo al hilo. En este último por fin "tocó pelo" en un mano a mano ante el experimentado y valeroso Alejandro Tamez en el coso jimenense. Era tal la expectación que se formó en torno a aquel chiquillo que fue llevado a la Plaza de Toros de Reynosa, de don Arturo García, donde en su presentación triunfó y fue repetido. José Carlos Martínez, próspero comerciante, aficionado a los toros y a la pesca deportiva, se encontraba en aquella localidad y había escuchado comentarios de aquel "fenómeno" en el que se estaba convirtiendo "El Regio" por lo que decidió acudir a verlo en su segundo festejo en la plaza tamaulipeca. Y la suerte estaba echada para aquel muchacho lleno de "Sueños de Grandeza". Cuatro orejas, un rabo, salida a hombros y un nuevo "pudiente y flamante"apoderado, fue la "cosecha" de esa tarde. Ya con Pepe Carlos al manejo de su carrera, repite en Reynosa cortando tres orejas a novillos de don Cuco Peña. Don Paco Gorraez ya había echado el ojo al muchacho para debutarlo en su plaza, la Monumental Monterrey. Don Paco y el nuevo apoderado de "El Regio`, Pepe Carlos, acordaron para el 16 de mayo de 1976 su debut. El cartel que quedó conformado junto con novilleros punteros de aquella época: David Silveti y Jesús Jiménez "El Chicuelín", con seis novillos de La Punta, resultando Mario nuevamente triunfador cortando cuatro orejas, saliendo a hombros y ganándose la repetición. Misma que llegó 15 días después, junto con Miguel Espinoza "Armillita" y "El Chicuelín" otra vez colgado del cartel, llevándose nuevamente el triunfo y los hombros al cosechar tres orejas más a su incipiente carrera la cual, a partir de ese momento, comenzó a despegar. Cada vez había más interés de los públicos por ver a "El Regio" torear. Comenzaron a provocarse los "entradones" al conjuro de su nombre. Pepe Carlos tenía en aquel muchacho "producto` para vender a los empresarios necesitados de públicos que llenaran sus plazas. Así vinieron San Luis Potosí, Chihuahua, Querétaro y muchas otras plazas más a sumarse a la agenda que paulatinamente se iba apretando en el calendario de "El Regio". Cada 15 días el muchacho estaba anunciado en alguna plaza de toros provocando grandes entradas y el delirio de los públicos después de cada presentación. De la mano de sus triunfos se presentaron fracturas, conmociones, achuchones, volteretas y maltratos de los toros. "Lo agarraban para matarlo", pero invariablemente se levantaba para ponerse otra vez en la cara del toro. "El Regio", provocaba emociones y derramaba pasiones en el graderío por su inquebrantable entrega y pundonor. Y aunque triunfaba, los toros lo seguían agarrando. Se seguía diciendo que al muchacho lo iba a retirar el toro a base de cornadas. Para callar todos esos rumores, y en gratitud a la entrega de los públicos que lo aclamaban en su carrera novilleril, se "encerró" en solitario cuatro ocasiones en Cadereyta, y una más en la Monumental Monterrey. Desde aquella época hasta nuestros días, nadie ha podido superar tal hazaña. El 12 de junio de 1977, encabeza el cartel inaugural de la temporada novilleril de la Plaza México al lado de otro regiomontano: Benjamín Magallanes y Alfredo Gómez "El Brillante", con novilllos de Tenexac, dejando ver sus maneras, pero sin alzarse con el triunfo. Toreo varias tardes en "La México", pero el triunfo se le negó. Sin embargo, continuó su carrera en las plazas de provincia. Con 95 festejos toreados, el novillero se puso "a punto", declarándose listo para convertirse en matador de toros. Fue la tarde del 2 de diciembre de 1978 en la Monumental Plaza de Toros de Zacatecas, en la que recibe la "borla" de matador de toros de Manos del también regiomontano Raúl García, actuando como testigo de la ceremonia el español Julio Vega "Marismeño", en la lidia de un encierro de Matancillas. Embalado por su racha de novillero, "El Regio", ya de matador de toros, actúa con regular frecuencia durante los años 1979 y 1980 en poco más de 50 corridas, alternando con figuras del momento. Fue así que llegó a torear en diferentes plazas al lado de Manolo Martínez, Eloy Cavazos, Curro Rivera, Mariano Ramos, Jorge Gutiérrez, Manolo Arruza, Miguel Espinoza "Armillita", David Silveti, entre muchos otros. Siempre disputándoles el triunfo. La mancuerna "torero-apoderado" rindió frutos económicos a lo largo de la carrera de "El Regio". Pero en esta nueva etapa, ya como matador de toros, no sólo había que lidiar con el "bicho` en la plaza, sino con el obscuro y más peligroso "toro": el de los intereses particulares de empresarios orillados por la presión de algunos que trataban de sacarle la vuelta al aguerrido Mario en el ruedo. Fue así que Pepe Carlos, quien había estado trabajando contracorriente y cada vez mas convencido de la dificultad de conseguir con éxito la consideración de las empresas para su apoderado, decidió retirarse, dejando en la "horfandad profesional` a su muchacho. Y es que en esa relación "apoderado-torero", cada uno de ellos tenía su función y Mario no sabía hacer otra cosa mas que torear, pero nunca supo de la negociación de una corrida. Su carrera técnicamente terminó. Las empresas prácticamente cedieron a la presión y no contrataron al joven matador. Sin embargo, a pesar de que el olvido fue diluyendo en el ánimo de los públicos, la presencia de "El Regio" en los carteles de postín fue apoyada por algunos aficionados amigos, y logró torear varios festejos en plazas menores. Uno de ellos, en la Plaza de Toros de Cadereyta, encerrándose con cuatro toros de Garfias, para "presionar" a la empresa de la Monumental Monterrey, que correspondió al clamor popular colocándolo en uno de sus carteles, para no repetirlo jamás a pesar de resultar triunfador de aquel festejo. Los "Sueños de Grandeza" de convertirse en figura del toreo, para Mario Escobedo "El Regio", se fueron desvaneciendo con el pasar de los años, más no así su afición. Con la ayuda de don Horacio Fernández (QEPD), y porque de algún lugar "había que conseguir la chuleta", abrió un restaurante en el centro de la ciudad, que al poco tiempo se convirtió en centro de reunión de aspirantes, novilleros y aficionados, que se arrimaban al matador con la intención de aprender algo de su toreo. Así fueron desfilando en su época de restaurantero, los novilleros Omar Carvallar, David Aguirre "El Cachorro", y los hoy matadores Juan Antonio Adame "La Bala", Enrique y Alberto Espinoza "Los Cuates", entre muchos otros que recibieron de "El Regio", sus consejos para andar delante del toro. Hoy a la distancia, reconoce Mario que aún recibe el cariño de la gente. Con mucha sorpresa, en el ir y venir de la vida, constantemente recibe los saludos de muchas personas que le tratan como una celebridad cuando lo reconocen. Y aunque retirado profesionalmente de los toros, nunca ha vivido alejado de él y ha combinado su trabajo en la Dirección de Participación Ciudadana del Ayuntamiento regiomontano, con la de asesor taurino de varios jueces de Plaza en la Monumental Monterrey. A sus 57 años de edad, aquel recio torero que fue forjando su camino a base de entrega, pasión y valor, pagó con sangre y muchas fracturas la osadía de luchar por conquistar sus sueños. Aquel de quien pronosticaban que los toros lo iban a retirar a cornadas, finalmente perdió la batalla ante un traicionero y más oscuro "toro`: al que jamás había enfrentado, y que se llamó "intereses". Sin rencor, a pesar de todo, Mario Escobedo "El Regio", siente que todavía tiene mucho que ofrecer a la Fiesta Brava, pero ahora, detrás de la barrera. Quizás construyendo lo que algún día quedó inconcluso en él, ayudando a algún joven novillero a conquistar sus "Sueños de Grandeza...".

2 comentarios:

  1. Saludos Regio, recuerdo tus triunfos en la Monumental Monterrey, torero mi infancia. Ole

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