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miércoles, 29 de junio de 2016

SABINO CAZARES

Matador de novillos. Nació en Pachuca, Hidalgo, en 1889. Toreó mucho como aficionado antes de ser profesional e incluso llegó a torear en la Plaza "Chapultepec" de la capital, el 7 de julio de 1907, al frente de una cuadrilla "de aficionados de México y Pachuca" con astados de la ganadería de Nopalapan. Ese mismo año se decidió a ser torero profesional e incluso se publicó que en su primera corrida, en septiembre de ese año, tomaría la alternativa de manos de Arcadio Ramírez "Reverte Mexicano" en Puebla. Ignoro si tal corrida se llevó a cabo. Se presentó en la Plaza de toros "El Toreo" el 23 de febrero de 1908, en una corrida mixta con los matadores de toros José Pascual "Valenciano" y Angel Carmona "El Camisero" con toros de Piedras Negras. El sexto de la tarde le pegó una grave cornada. Reapareció en ese mismo coso el 17 de mayo alternando mano a mano con Jerónimo Cruz "El Barquero" con astados de Santín y El Bayo. Volvió al "Toreo" el 13 de junio de 1909 alternando con Nicanor Manjón "Favorito" y Rafael González Alcántara con novillos de San Diego de los Padres y La Estancia. En 1913 hizo sus 3 últimos paseíllos en la plaza de "La Condesa". En una corrida de concurso el 27 de julio alternando con Samuel Solís, Guillermo Calvo, Laureano Rangel, Rosendo Béjar y Ricardo Ortiz con novillos de la ganadería de La Campana. Otro el 28 de septiembre con Rodolfo de los Santos "Templaíto de Sevilla" y Sebastián Suárez "Chanito" con novillos de San Nicolás Peralta. Falleció en México, Distrito Federal, el 11 de junio de 1949.

Un artículo publicado en el periódico El Tiempo Ilustrado del 1 de marzo de 1908, decía:

En los toros: una cogida.
La primera cogida grave que ha habido en la nueva plaza de toros de esta capital, estaba reservada a un joven novillero mexicano llamado Sabino Cázares.
El domingo se presentaba al público metropolitano, después de una práctica de seis meses como novillero, hecha en las plazas de los estados. Había toreado con arrojo un toro que estuvo a punto de cogerlo varias veces y al que tenía que matar. Llegó la hora, y Cázares se fue a su enemigo haciéndose un lío sin poder fijarlo, hasta que al fin el joven torero fue enganchado por el muslo izquierdo.
Los aficionados tienen explicación para todo. Lo cogió el bicho porque pisó el terreno del toro. Así se viene a comprobar la teoría que profesan.
El arte del toreo que “vino del cielo”, según la canción, es un arte infallible, o mejor dicho, un ramo especial de la ciencia matemática. La cogida es absurda, inverosímil, irrealizable.
El torero que se deja enganchar, es que ha faltado  a las inmutables reglas. Si no fuera porque el toro se le inflinge ya, el diestro que se dejà coger merecería un castigo.
Pero fuerza es convener en que esto sucede pocas veces y que las más de ellas, las cogidas son relativamente benignas.
La prueba de ello es que apenas ha visto tres o cuatro cogidas de muerte el publico de la capital de México. Muchas veces ha visto salir de las astas de un toro un hombre que creíamos no llegaría con vida a la enfermería, y al mes escaso ya estaba en disposición de ponerse la chaquetilla de alamares. 
La providencia vela por los toreros.
Gracias a ella, Cázares ha salvado milagrosamente la vida. Ninguna de la complicaicones que se temían han sobrevenido y su existencia está ya exenta de peligro.
Pronto pues, volveremos a verlo en el redondel.

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