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lunes, 20 de marzo de 2017

ARCADIO REYES

LO QUE DICE ARCADIO REYES.
Entrevista de José Padilla García
Publicada en Toros y Deportes (El Universal Taurino)
18 de agosto de 1925.

-¿Qué le decidió a dedicarse a los toros?
-Pues verá usted. Yo, por el año de 1883, cuando tenía 23 años, me ganaba la vida como amansador del entonces 8o. Regimiento de caballería que estaba de destacamento en Morelia y al mando del general Epifanio Reyes, y un sargento que era medio torerillo me empezó a meter  en la cabeza que dadas mis buenas condiciones como caballista, podría hacer algo como picador de toros.
-¿Cuándo y dónde debutó como picador de toros?
-En Morelia, por el mes de marzo del año de 1884, a las órdenes del espada Isidoro Gómez “El Patol”, quien me pagó ese día por mi trabajo seis pesos en tlacos.
-¿Qué emoción sentía cuando llegaba el toro hacia usted?
-Al principio mucho miedo, después ya logré fijarme más en el morrillo y poner el palo en lo alto.
-¿Recuerda el porrazo más grande?
-Fueron muchos y muy grandes, por lo que sería muy largo de contar los que todavía recuerdo.
-¿Cuántas cornadas tiene?
-He recibido siete cornadas, aunque no de mucha gravedad; una en la plaza Colón trabajando con Ponciano, otra en la plaza del Paseo con “Cuatro Dedos”, dos en Veracruz, dos en Durango y la última en el Perú al banderillear a caballo. Al Perú fui acompañando a “Cuatro Dedos” en su jira por Centro América.
-¿Cuál era su forma favorita de picar?
-Al estilo español, estilo que fui tomando desde que empezaron a venir buenos picadores y del que llegué a ejecutar con bastante aceptación, cosa que me valió que los matadores de cartel me tomaran a su servicio.
-¿Qué toros eran los que más pegaban?
-Los de Atenco, Santín y San Diego de los Padres.
-¿Para usted quién fue el mejor picador de sus tiempos?
-El mejor, el mejor, no podría decirle, los hubo muy buenos como Agujetas, Badila y Manuel Crespo “El Chato”, entre los españoles; y José María Mota, Vicente Conde, Agustín Oropeza y Ramón Mercado “Cantaritos”, de los paisanos.
-¿Quién le gustaba más como torero?
-“El Gallo”, Reverte y Fuentes.
-¿Cómo banderillero?
-El inolvidable “Blanquito”.
-¿Y matando quién le gustaba?
-Sin vacilar le digo que Mazzantini.
-¿Cuál fue la ovación más grande que se ha llevado?
-En la Plaza México, toreando Fuentes, Machaco y Parrao y picando con Agujetas, Badila y los dos Arrieros. Fue una corrida en honor de los marinos españoles y el Ministro de España me llamó y me obsequió con un fistol.
-¿Y la pita más sonora?
-En Morelia, el día de mi debut.
-¿Cree usted que la suerte de varas esté en decadencia?
-Por lo que últimamente he visto, no creo que la suerte de varas esté decayendo, sino que ahora se pica con más ventaja, dando más palo y con puyas mucho más grandes.
-¿Es verdad que alguna vez llegó a picar montando el caballo en pelo?
-Lo llegué a efectuar varias veces al banderillear a caballo, suerte que llegué a dominar bastante, picando sólo lo hice dos veces accidentalmente. Las dos veces fue porque al derribarme el  toro le quitó la montura al caballo y yo por las ansias de volver al toro no esperaba la llegada del picador de reserva.
-¿Qué tiempo duró usted picando?
-Veintisiete años.
-¿Cuál  fue su plaza predilecta?
-La Plaza México, por ser en la que más trabajé ya siendo empresario de ella mi viejo amigo Ramón López.
-¿El público más inteligente?
-En México, Puebla y San Luis Potosí había una afición muy grande y eran de los más conocedores.
-¿Desde cuándo se empezaron a ver en México corridas en toda forma?
-Desde la llegada de Bernardo Gaviño, Rebujina, Machío y “El Chiclanero”. Después llegaron toreros más hechos como Mazzantini, “el Gallo”, Reverte, Fuentes, “El Algabeño” y todo lo bueno que por aquel entonces figuraba en España.
-¿Guarda buenos recuerdos de la fiesta brava?
-Sí, muy buenos, tanto por haberme encariñado con mi profesión, como por haberme llegado a colocar en los primeros puestos como picador de toros y no haber tenido nunca que sentir nada ni de mis compañeros, ni de los matadores con quienes estuve trabajando.

Zamora, Mich,. Agosto 10 de 1925.

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