Páginas vistas en total

miércoles, 24 de marzo de 2010

LEON PRIETO "EL SEÑORITO"


JOSE GUILLERMO MARIANO HIPOLITO DEL CORAZON DE JESUS JIMENEZ PRIETO

Matador de toros. Nació en Orizaba, Veracruz, el 11 de abril de 1873. Se presentó como novillero en la capital del país el 20 de Junio 1897, en la Plaza Bucareli de México, alternando con Manuel Cervera Prieto, Alberto Zayas "Zayitas" y José Romero "Frascuelillo" matando novillos de la ganadería de La Gavia.

Alternativa
Fecha: 16 de Octubre de 1898.
Lugar: Guadalajara, Jalisco
Padrino: Juan Jiménez "El Ecijano"
Testigo: Mano a mano
Ganadería: Hacienda del Castillo

Perdió la pierna derecha a causa de un balazo que recibió el 2 de abril de 1899.

Falleció en Málaga, España en 1928.























Foto publicada con la autorización de don José Pablo Gamarro Marquez.

León Prieto "El Señorito Orizabeño"
Tomado del libro "Orizaba en Tiempo de Toros" de Dante O. Hernández Guzmán.

Debido al auge taurino que se tuvo en Orizaba de los años de 1870 en adelante, surgieron varios aficionados a la fiesta como Miguel Cerrilla, Ricardo Jiménez y su hermano Guillermo, los hermanos Bringas, entre otros. Todos ellos hijos de las mejores familias orizabeñas; uno en particular, Guillermo Jiménez, se aficionó tanto a los toros que en distintas poblaciones aledañas a Orizaba participaba en cuanto festejo era invitado, con la reprobación de su familia, ya que ésta participaba en los principales eventos sociales, industriales y comerciales de la ciudad. No hay que olvidar que Don Angel Jiménez, en las décadas de 1870 a 1890, introduce el transporte colectivo de tranvías tirados por mulas (inaugurado el 2 de noviembre de 1878), que se fue expandiendo poco a poco por la ciudad hasta Escarcela y después se tienden las vías hacia las villas terminando en el Ingenio (actual ciudad de Nogales). Regresando a nuestro biografiado, dadas las condiciones sociales de la época y la posición familiar que mencionamos, cambió su nombre y apellido, Guillermo Jiménez Prieto, por un seudónimo que estaba compuesto por su segundo apellido y un nombre que él creyó representaba su valor y se nombró León Prieto, y para demostrar su origen y linaje "El Señorito Orizabeño". Cabe mencionar que una de sus hermanas, Guadalupe Jiménez Prieto, se casó con Don José Bernardo Couto, siendo padres del Lic. Ricardo Couto Jiménez, gran jurisconsulto. Por cierto que en un artículo del Dr. Carlos Cuesta, bajo su seudónimo de Roque Solares Tacubac, en un pie de foto en la que aparece "El Señorito Orizabeño", mencionaba que Guillermo Jiménez era antecesor y pariente lejano del matador Vicente Segura. Pero veamos qué nos dice el escritor Jesús Hernández quien convivió muchos años con la familia Couto y conoció a Don Guillermo Jiménez ya de edad avanzada:
"Uno de esos señoritos toreros es el protagonista de mi articulillo. En la ciudad de Orizaba hubo una familia radicada desde luengos años. Era apreciada no sólo por su caudal sino por sus cualidades en virtudes y laboriosidad. Casi todos sus integrantes habían ocupado puestos de culminación en el comercio y en la agricultura, en las industrias fabriles, en el establecimiento de los tranvías y aun en la política.
Vástago de una familia preeminente hubo un varón que desde niño dió disgustos por su espíritu intranquilo, por sus travesuras y por sus pendencias. Aquél rapazuelo era "la piel de Barrabás". Llegó a la adolescencia y prosiguió igualmente. No se ocupaba en algo que tuviera seriedad, sólo se dedicaba a divertirse. Entre sus entretenimientos hubo el de torear becerros. Estos rudimentarios ensayos de ser torero y haber presenciado el espectáculo formal de corridas de toros, fueron motivos para que en su aturdido cerebro naciera la idea de hacerse un profesional del toreo. Pensarlo y llevarlo a realidad, fue simultáneo.
En las inmediaciones de Orizaba hay una fábrica llamada "El Yute". Allí eran
elaborados tejidos con la fibra de la planta que lleva esa nominación. Los jefes de la fábrica proporcionaban a los obreros diversión los domingos, con remedos de corridas de toros, y para ello llevaban lidiadores contratados en la vecina ciudad. En una de esas fiestas tuvieron la sorpresa de ver entre los toreros a Guillermo Jiménez (nombre y apellido del mozalbete). Vestía lujoso traje torero, comprado al que era matador contratado. Este tenía el mote de "Frascuelillo" y por nombre y apellido José Romero.
Allí comenzaron las andanzas taurómacas del jovenzuelo, pero como sus familiares no les daban aprobación, porque entonces había muchos reproches y falta de estimación social a los lidiadores de toros, el principiante tuvo que ocultar su verdadero patronimico y hacerse incógnito. A esa finalidad recurrió a sus apellidos secundarios: León y Prieto. Entonces era costumbre -casi imprescindible-, que los toreros usaran un alias. El encontró el suyo en su categoría social de "señorito" (según respetuosamente le decía "Frascuelillo"). Por consiguiente, el blasón resultó formado: LEON PRIETO "EL SEÑORITO", atrayente a la curiosidady retumbante. Por lo relativo a hombría, a valor, enteramente apropiado a un lidiador de toros.
Transformado en León Prieto "El Señorito", hizo una gira por las plazas de toros veracruzanas. Las de Paso del Macho, I alacingo y San Andrés Tuxtla, fueron las iniciadoras de sus proezas, ya de profesional torero, acompañándole siempre el mentor y maestro, estoqueador y a la vez banderillero "Frascuelillo".Este abandonó el salón de juego de billares, que en Orizaba era su cotidiana residencia. En los billares, estaba "Frascuelillo" desde las once de la mañana a las doce de la noche. Inesperadamente, los aficionados habitantes en el Distrito Federal leyeron en los carteles anunciantes de una novillada, que había de ser en la plaza de toros "Bucareli" -templo eminente de la taromaquia, consagrado por las hazañas de Ponciano Díaz-, la presentación de un matador nombrado León Prieto "El Señorito". Inesperadamente califiqué y no rectífico sino que ratifico, pues hasta la ciudad metropolitana no había llegado la nombradía del torero aplaudido en los cosos mencionados.
Leyendo los carteles, los metropolitanos creían que no se referían a un lidiador efectivo, sino a cualquier bufo tauromáquico -a un mojiganguero-, que efectuaría una escena cómica disfrazado con la piel de león, de color tirando a negro. En aquella época, no había la seriedad la formalidad que hoy impera en los espectáculos taurómacos, aún en las novilladas. Entonces había mucha chufla, mucha chunga, y a diversión se tomaba lo que sucedía en los ruedos.
El espectáculo sería en la tarde del domingo 20 de junio de 1897. -¡Ya transcurrieron cuarenta y seis años, casi exactamente medio siglo!-. Era novillada de concurso -de certamen taurómaco- donde se disputarían un premio cinco novilleros, tres de nacionalidad española y dos mexicanos. Los hispanos ya estaban fogueados, tenían tiempo en el oficio y alguna fama. Eran Manuel Cervera Prieto -sobrino del espada Diego Prieto "Cuatro dedos" -Francisco Aragón "Paquiro"-, presuntuosamente había tomado el apodo del insigne maestro, ya fallecido -Manuel Contreras, alias "Tenderín"-, que por sus audacias, aunque muy pequeño de cuerpo y muy jovencito, ya tenía fama- y José Romero "Frascuelillo" el mentor de nuestro héroe. Los mexicanos eran: Alberto Zayas "Zayitas" -que acababa de venir de España, de Sevilla, nimbado aquí por ese viaje y juzgando era "Guerrita Mexicano"-, y León Prieto "El Señorito" -que ya dije cuáles antecedentes de insignificancia taurómaca tenía.
El empresario de la novillada era un reputado banderillero sevillano, Enrique Merino "El Sordo" (efectivamente era fallo en sentido auditivo). El premio disputado era un reloj de oro. Los novillos que lidiarían venían de una vacada residente en la hacienda de "La Gavia" (entonces eran bien aceptados esos cornúpetas "cuneros", o sea sin casta de abolengo).
León Prieto "El Señorito" se presentó lujosamente ataviado, llevando con donaire el traje de "luces". Tenia la edad de veinte años, airoso, con facciones delicadas, correctas. Por su apostura estaba en coordinación con el apodo, y se alejaba del nombre y apellido, porque no tenía la catadura tosca y bravía de un león.
Por su apostura, atrájose la simpatía, y los concurrentes ya estuvieron predispuestos a darle sus aplausos, aunque poco meritorio hiciera en la lidia de su novillo. Cada uno de los concursantes debía banderillear y estoquear. Estuvo valiente en todo su cometido y bastante bien. El debut no fué un fiasco. Los aficionados quedaron con deseo de volver a verle.
El bis fué en el siguiente domingo. Siendo tercer espada, teniendo los anteriores lugares Manuel Cervera Prieto y Leopoldo Camaleño-éste ya siendo lo que nombran "puntero", o sea abocado a recibir la "alternativa"-. Lidiaron toros de casta, pertenecientes a la famosa atenqueña, legendaria en nuestra República. La ganadería existe aún, pero en aquella época mejor, en apogeo. "El Señorito" estuvo igual que en la anterior novillada. Confirmó su guapeza en todas las suertes, su "buen estilo artístico" de las de banderillear y su torpeza en las de estoquear. El público no le retiró la simpatía, ni la benevolencia. La empresa también demostró que tenía para él predilección, haciéndole un obsequio -un bastón con puño de oro- que entregáronle en el redondel. Tal regalo substituyo al reloj, disputado en el concurso anterior. Ese premio lo ganó Manuel Cervera Prieto, novillero de gran "finura" (de mucha clase en el manejo del capote y la muleta, y excelente banderillero).
En la tercera de sus actuaciones, lidió toros de la hacienda nombrada "Loma de Zempoala". Estuvo algo inferior que en las anteriores corridas. Fué cogido y derribado, pero afortunadamente sin sufrir herida alguna. El público permaneció siempre teniéndole simpatía y no rehusando que figurase en los carteles. Ya había adquirido cierta popularidad por el modo de presentarse en las calles metropolitanas, vistiendo lujoso traje de charro -de piel muy fina y bien bordada con oro y plata. No iba cabalgando, sino conduciendo un reluciente carruaje, tirado por un tronco de hermosos caballos retintos. Dentro del carruaje iban sus amigos, no faltando entre ellos Pepe del Rivero, entonces escritor taurómaco con el pseudónimo "Fierabrás". "El Señorito" continuó toreando en las plazas de toros de los Estados. Ya no era su mentor el insignificante "Frascuelillo", sino el matador de toros con alternativa Juan Jiménez "El Ecijano". Este lo iba a "doctorar", o sea a ponerle en la categoría más elevada entre los toreros. A la finalidad de ese importante acto, organizaron una corrida en la plaza de toros de Guadalajara.
Fué el suceso el 16 de julio de 1898, un año después de las tres novilladas en la plaza "Bucareli", en el Distrito Federal. Los toros de la fiesta en la Perla de Occidente eran de una ganadería por allá famosa entonces, la radicada en la hacienda de "El Castillo". Realizada la ceremonia taurómaca, la corrida fué dura prueba para "El Señorito".
Su padrino "El Ecijano" fué cogido y herido de gravedad por el tercer toro, -Esta herida fué, meses después, la causante de la muerte del espada español, en la plaza de toros de Durango-, "El Señorito" hizo honor a su "doctorado". Estuvo valiente-según era distintivo- y estoqueó aceptablemente. No se amilanó por el percance al veterano diestro, sino que se "creció”. En "El Señorito" había "casta" -según ahora dicen para indicar "vergüenza torera" . Después de la corrida de Guadalajara, continuó su labor -ya de matador "hecho y derecho", en las plazas de toros veracruzanas y en la de Puebla. No volvió a la ciudad de México. En la plaza de San
Andrés Chalchicomula tuvo trágico e inesperado final la carrera tauromáquica de León Prieto "El Señorito". Fué del siguiente modo, que es insolito. Eran las fiestas de la feria y por tal habría corrida de toros: "El Señorito" presenciaba, en la mañana del domingo, cómo daban pastura y agua a los toros que estaban encorralados. Eran pequeños y de poca edad, por esto el torero dijo presuntuosamente "En la tarde la muerte de estos animalitos será como la degollación de inocentes que mandó hacer el rey Herodes".
A uno de los vaqueros -cuidadores- no le agradó lo que dijo el espada. Lanzó el vaquero una insolencia, dirigida al torero. Este, de "pocas pulgas", la contestó. Trabáronse en dicterios y el vaquero fué a más: sacó un revolver y disparó sobre "El Señorito". El proyectil hizo blanco en el muslo derecho, fracturando el fémur. Por complicaciones en la lesión, fué necesario amputarle el miembro herido. Por consiguiente, quedó invalido el novel espada e imposibilitado para ejercer el oficio de torero.
Fué a España, buscando consuelo con presenciar las corridas de toros en las plazas de más importancia. Allá le sugirieron que con una pierna artificial bien hecha, podía volver a torear, diciéndole que así lo había realizado el famoso Antonio Sánchez "El Tato". Inmediatamente, el espada orizabeño acogió el consejo y se hizo una perfecta pierna postiza. Siendo muy amigo de "Guerrita", lo invitó para que en el día de la prueba -en un a ganadería- estuviera en la placita siendo su cuidador. El taurómaco Califa II aceptó gustoso. La aventura resultó un completo fracaso. Las vaquillas derribaban al inválido y no le hirieron por la oportuna intervención del maestro cordobés. "El Señorito" quedó desconsolado por su imposibilidad.
Le agradó vivir en España y se radicó en la ciudad de Málaga. Allí permaneció durante muchos años. Hizo viajes a México para visitar a sus familiares, una hermana que fué casada con el notable abogado y también notable poeta, don Bernardo Couto, en cuya casa algunas veces conversé con "El Señorito". Era de agradable trato, de buena educación.
Gastó lo que tenía de caudal por herencia y sus últimos años los vivió en España-donde falleció-, siempre enamorado de la fiesta brava, por la que sentía verdadera pasión "El Señorito". (sic)
Esta es la historia de un torero orizabeño vista por el escritor Jesús Hernández y que conoció de primera mano.

(1)Revista La Lidia No.30 junio de 1993

(2) Revista La Lidia No. 41 del 3 de septiembre de 1943.- León Prieto "El Señorito", Jesús Hernández.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada