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martes, 27 de marzo de 2012

ESTEBAN GARCIA


ESTEBAN GARCIA BARRERA

Matador de novillos. Nació en México, Distrito Federal, el 5 de septiembre de 1905. Debutó como novillero en 1925. Se presentó en la Plaza de toros "El Toreo de la Condesa" el 6 de junio de 1926. Alternó con Edmundo Maldonado "El Tato" y Julián Pastor con novillos de San Diego de los Padres. En 1929 sostuvo una rivalidad con Carmelo Pérez y toreron mano a mano varios festejos en la plaza de toros "El Toreo".
El 2 de noviembre de 1929 estaba anunciado para matar novillos de Queréndaro mano a mano con David Liceaga en Morelia, Michoacán, pero David no llegó a la plaza de toros debido a un percance de carretera. Esteban se ofreció a despachar el encierro completo, pero el tercero de la noche de nombre "Aleve" le cogió de gravedad. Como consecuencia de este percance, falleció el día 6.

"Aleve", el causante de la desgracia.
















RIVALIDAD DE ENCONO
Publicado en "El Universal"
del 25 de enero de 2005.

En un cuartucho húmedo, frío y, sobre todo, sin higiene, utilizado como enfermería en la vieja plaza de Morelia la nueva Valladolid, agonizaba Esteban García Barrera, víctima de una mortal cornada que el infirió el novillo "Aleve", del hierro de Queréndaro.

Era la noche, antes de concluir, del día 2 de noviembre de 1929, cuando el tercer ejemplar de ese festejo nocturno, le propinó al capacitado novillero la puñalada que le cortaría la existencia días después.

Esteban formó la pareja junto con Carmelo (Armando) Pérez, que causó sensación en esa campaña que es considerada junto con la de 1948, con los tres mosqueteros, como las más brillantes de cuantas se hayan realizado en suelo nacional. La del 29 fue triunfal y trágica.

Marcan, ambos ciclos, toda una etapa en los anales de la fiesta brava en nuestro querido México. Siempre se les añora con melancolía.

La expectación que provocó la pareja Esteban-Carmelo, nunca se había sentido con un par de prospectos, o sea novilleros, en la historia de ese entonces el joven escenario que era "El Toreo" de la colonia Condesa, con 22 años de existencia, pues se inauguró en 1907.

Cada uno de diverso estilo. Uno totalmente ortodoxo, el otro era un recalcitrante heterodoxo. Esteban, un elemento de la línea clásica, técnico, poderoso con el toro. Carmelo, en cambio, era un elemento explosivo, revolucionario y temerario. Sí, con los ingredientes necesarios, del uno y del otro, para que el público se inundara de entusiasmo y, más que eso, explotara de pasión.

Un torero de escuela

Esteban García Barrera nació en esta ciudad capital, el sufrido Distrito Federal, el 2 de septiembre del año de 1905, se cumplirá en breve un siglo justa y precisamente. Sus hermanos Agustín y Anselmo también deambularon en la profesión.

Su maestro taurino fue el banderillero español Antonio Conde, que le enseñó todos los secretos de la lidia de reses bravas y el joven Esteban los captó a las mil maravillas. Evidentemente, reiteramos, se hizo un torero de escuela, con depurada técnica y una capacidad de poder y de entendimiento de las reses, lo que es toda una virtud. Algo más, se decía lo tocó la varita mágica del Todopoderoso.

También tuvo el apoyo decidido de otro excelente banderillero, este mexicano, Pascual Ferro. Para definirlo, debemos decir que el subalterno azteca toreó como tal en España y en el año de 1921, al debutar en Madrid, en la plaza de Carabanchel, el público lo sacó a hombros lo que no es usual. Vamos, Ferro era todo un as.

García Barrera debutó joven en "El Toreo", lo hizo el año de 1926, cuando todavía se sentía el adiós del maestro Rodolfo Gaona. En ese mismo calendario debutaron también Alberto Balderas, Heriberto García, David Liceaga, Jesús Solórzano, Edmundo Maldonado El Tato , que empezaron a dar de que hablar.

En aquellos añorados años, el público iba, temporada a temporada, calibrando a los novilleros conforme iban avazando, consolidándose en la difícil profesión.

Esa campaña de 1929, Esteban volvió al coso de las responsabilidades el 16 de junio actuando con José González Carnicerito de México y Luis Peláez, un torero de gran clase, íntimo amigo tanto de Carmelo, primero en el rastro de Tacubaya, como de Silverio Pérez, el gran compadre. A Peláez era una delicia observarlo torear de salón, ¡claro que valía la pena! Pero nadie gana un centavo.

Al domingo siguiente, día 23, actuó con Julián Rodarte y Cayetano Leal Pepehillo , el padre del que fuera matador y en la actualidad empresario, Víctor Curro Leal. Esteban le cortó el rabo a un novillo de Piedras Negras, confirmándose como puntero y un prospecto de amplio porvenir en la profesión.

Hubo una entrevista de mano a mano Esteban-Carmelo el 11 de julio con una novillada magnífica de Piedras Negras y triunfaron ambos.

Los toreros de esa época exponían de Esteban García Barrera: "Es un torero de escuela, tiene poder con el toro, resuelve con facilidad las situaciones difíciles".

Anillo con un solitario

Ante el éxito obtenido el empresario Eduardo Margeli, otro desdichado que fue asesinado por el novillero Antonio Popoca, promovió una serie de tres mano a mano del capitalino y el texcocano, con el aliciente de que el triunfador obtendría un anillo con un diamante solitario con valor de cinco mil pesos. Era una real fortuna en aquel tiempo.

En esos tres festejos, en el primero de ellos el 18 de julio, el primer novillo de Zotoluca hirió a Carmelo. Y Esteban se quedó solo con el encierro y cortó una oreja.

Paso casi un mes y en la segunda quincena de agosto se ofreció el segundo enfrentamiento. Novillos de San Diego de los Padres, Esteban estuvo torero, fácil, dio vueltas al ruedo, las orejas cayeron en manos de Carmelo.

En el tercer festejo de estos enconados rivales, con la pasión desbordada, se dio el primero de septiembre. Los novillos de Zacatepec, otra vez herido el mexiquense, le cortó orejas y rabo a un novillo y Esteban logro una actuación casi en solitario, muy capaz, impregnada de poderío.

De los 18 ejemplares que debían matar, claro la mitad cada uno, García Barrera pasaportó a 14 de ellos, sólo cuatro el hermano del Faraón Silverio.

La pasión estaba desbordada, los puristas alaban a su torero, Esteban, por su técnica, torerismo, facilidad, facultades y el conocimiento de todo un preparado. Por el otro extremo, los seguidores de Carmelo pregonaban que era un torero revolucionario, fuera de serie, que penetraba con enorme fuerza en el ánimo de los espectadores con esa personalidad de todo un grande.

En el mismo núcleo de aficionados, había peleas, riñas verbales y que en diversas ocasiones llegaron a los manos. Nadie se ponía de acuerdo. Finalmente el trofeo, el anillo con el brillante, fue a parar a uno de los dedos del de Texcoco.

Lo anterior provocó que hubiese una profunda, arraigada rivalidad de antipatía entre los protagonistas. Terminaron detestándose auténticamente. Se veían con repugnancia, dentro y fuera del ruedo. En su apogeo el orgullo de cada torero, el carácter férreo de ambos como su arrogancia de no dejarse ganar la pelea ante el toro.

Esa amalgama dio un tinte especial a la temporada de 1929. Con el surgimiento de la pareja que hizo historia y es leyenda: Esteban García Barrera y Carmelo Pérez.

El infortunio los marcó

Así en ese 1929, llegó el fatídico 2 de noviembre. La tradicional fecha de Día de Muertos en Morelia, festejo nocturno. Una falla mecánica impidió llegar a tiempo a David Liceaga a Morelia. Esteban, con ese pundonor torero y confiado en su capacidad, se apuntó para matar el lote entero. Ese no era un obstáculo.

Esa tarde apareció en tercer lugar "Aleve", un toro asesino, parecía meneado y según el diccionario ese nombre significa traidor, pérfido. Al sujerarlo con el capote el marrajo le entableró y le cogió. Le infirió una cornada penetrante de vientre. El festejo se suspendió y Esteban ahí en ese insalubre cuartucho que era la enfermería, renegaba: "Yo aquí muriéndome y ese maldito va a tomar la alternativa, ¿como no es al revés?".

Qué lejos estaba de pensar García Barrera, que el destino había sido tremendamente cruel con ambos. Cierto, Carmelo tomó en México la alternativa el 3 de noviembre, de manos de Joaquín Rodríguez Cagancho , con el toro "Granado" de Piedras Negras. Pero el 17 de diciembre de ese mismo año, en su segunda corrida "Michín" de San Diego de los Padres, lo despedazó. Una cornada penetrante de tórax, con lesiones en la pleura, más cuatro lesiones más en el cuerpo. Alternó con Antonio Márquez y el esteta Pepe Ortiz.

Debió morir esa tarde en el ruedo. No fue así. Aunque lento logró restablecerse, con secuelas muy serias en el pulmón. Su epílogo, es ya conocido, fue en Madrid, después de torear en Toledo, la corrida de Corpus el año de 1931. Una pulmonía fulminante fue la causa final de los daños hechos por "Michín".

En un lapso relativamente cortó Esteban García Barrera y Carmelo Pérez, en trayectoria paralela, se encontraron nuevamente allá, en los dominios del Todopoderoso.

¿Continuarán con esa rivalidad inconciliable y de profundo encono?

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