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miércoles, 20 de mayo de 2026

ANSELMO GALINDO

Matador de novillos.

Entrevistas.
Por Esperanza.
A veces me critican que me ocupe de los torerillos, de los innonimados, de los que son "nadie" en la fiesta. Yo he escuchado las críticas con serenidad, sin enfadarme, todavía más, sin contradecir, sin tratar de disculparme. Yo respeto la opinión ajena, cada quien puede pensar como le dé la gana y en esto "del toro" mucho más, porque no hay dos que piensen idéntico. Muchos opinan que el cronista, el crítico o el comentarista sólo deben ocuparse de las grandes figuras, porque eso da categoría. Si es así entonces yo también la tengo porque mucho me he ocupado y me ocupo de los toreros de renombre. Pero nunca olvido que un Rodolfo Gaona, un Lorenzo Garza, un Luis Procuna, alguna vez fueron torerillos oscuros, innonimados, que se les calificó de "chalaos" porque traían las ropas raídas y los zapatos rotos.
Para mí el torerillo es un símbolo de la fiesta, porque mientras haya torerillos habrá fiesta de toros. Ahí, en el siempre renovado ejército de los soñadores de la gloria, entre cientos de ilusos y equivocados, está el torero que puede ser, el que puede llegar: la futura figura del toreo, o acaso, el futuro "fenómeno". Yo sé que para los subestimados torerillos significa mucho y mucho estiman que algún personaje se digne saludarlos o dirigirles algunas palabras: que algún crogún personaje de esta nuestra fiesta brava, se digne saludarlos diga algo favorable de ellos. Y el día que ven sus nombres en letras de molde o sus retratos impresos en algún periódico, es para ellos día de fiesta. Ya se sabe algo de ellos, ya se sabe que existen; acaso aquello signifique los inicios de una carrera triunfal.
Yo no puedo negarles estas pequeñas alegrías a los humildes de la fiesta y siempre les tiendo la mano y los trato con afecto y cordialidad, sin importarme sus ropas raídas ni sus zapatos rotos. Si llegan a encumbrarse lo más seguro es que me desconozcan, pero lo veo como cosa natural porque la gloria y la riqueza marean y hacen flacas las más robustas memorias. Ms el desaire o el olvido no impiden que vuelva a tender con igual afecto mi mano al nuevo, al siempre renovado torerillo, porque el torerillo para mí puede cambiar de apariencia, pero en el fondo sigue siendo un símbolo de la fiesta.
Así, con la cordialidad de siempre, he charlado con dos novilleritos anónimos y como a todos, los he tratado de "usted" para que se sientan "importantes" dentro de su modestia, para evitarles lo incómodo y hasta lo humillante de un tuteo que los cohíbe y desconfía, porque no puede ser recíproco. Estos novilleritos son Ignacio Sánchez y Anselmo Galindo. Novatos con verdura y ternura de ejote: son muy jóvenes, casi unos adolescentes, y me han hablado con un entusiasmo muy a tono con su fresca juventud, de sus inicios toreros, de sus ilusiones, de sus proyectos´.
Doradas ilusiones que cuelgan de los encajes de nubes lejanas… ¡ilusos, soñadores! Pero, ¿qué sería de la juventud. si no soñara, si no ambicionara, si no anhelara gloria, riqueza y poder?
Y ahora vamos a charlar unos momentos con el compañero de Ignacio, Anselmo Galindo, que principia diciéndome que lo poco que sabe del toreo se lo debe a Manuel Vera, hermano de Carlos Vera "Cañitas"; que su amigo y maestro tiene fe en Ignacio y en él y que los ayuda cuanto puede y siempre procura "moverlos" cuanto es posible, porque el torero se hace toreando y no aplanando las banquetas. Que ha toreado en Pachuca, en Atzingo, en el Estado de Jalisco y en Frontera, Tabasco. Que se vistió por primera vez de torero en el mes de julio del año próximo pasado. Que se le facilita y le encanta torear con el capote... 
-Es que la que da los pesos y la categoría es la muleta..
-Bueno, el que se me facilite torear con el capote, no quiere decir que descuide el mejorar y superarme con la muleta. Hay que ser buen muletero para poder triunfar. Por eso es que pongo todo mi empeño porque me "salga" el natural y el derechazo, básicos para el toreo en redondo que es el que exigen los públicos.
-¿Le gustaría torear como el torero al que más admira?
-¡Figúrese usted, el que más admiro es a "Armillita" el primer torero que vi torear en mi vida! Ya lo creo que me gustaría ser tan buen torero como él, pero no trataría de imitarlo. Cada quien debe ser como es, porque imitar en el arte taurino, o en cualquier arte, es algo así como traicionar el propio sentimiento y descubrirse como tan poca cosa que hay que recurrir a subterfugios para destacarse. Yo no puedo juzgarme a mi mismo: pero si no soy un torero con sello propio, tampoco caeré en el ridículo de copiar a otros para destacarme,
-Bien dicho, muchacho. Y ahora, dígame, ¿se arriesgaría como su compañero Ignacio a jugárselo todo en una carta?
-¿Por qué no? Mientras más pronto sepa uno si puede o no puede ser, mejor. A qué perder más tiempo. Cualquier cosa es preferible a la duda y la incertidumbre. Lo que ha de ser, para luego. 
¡Y que sea lo que Dios quiera!
-Pues ojalá sea para bien, muchachos. 
¡Que haya suerte!
Semanario Multitudes. 24 de agosto de 1948.

IGNACIO SANCHEZ

Matador de novillos.

Entrevistas. 
Por Esperanza.
A veces me critican que me ocupe de los torerillos, de los innonimados, de los que son "nadie" en la fiesta. Yo he escuchado las críticas con serenidad, sin enfadarme, todavía más, sin contradecir, sin tratar de disculparme. Yo respeto la opinión ajena, cada quien puede pensar como le dé la gana y en esto "del toro" mucho más, porque no hay dos que piensen idéntico. Muchos opinan que el cronista, el crítico o el comentarista sólo deben ocuparse de las grandes figuras, porque eso da categoría. Si es así entonces yo también la tengo porque mucho me he ocupado y me ocupo de los toreros de renombre. Pero nunca olvido que un Rodolfo Gaona, un Lorenzo Garza, un Luis Procuna, alguna vez fueron torerillos oscuros, innonimados, que se les calificó de "chalaos" porque traían las ropas raídas y los zapatos rotos.
Para mí el torerillo es un símbolo de la fiesta, porque mientras haya torerillos habrá fiesta de toros. Ahí, en el siempre renovado ejército de los soñadores de la gloria, entre cientos de ilusos y equivocados, está el torero que puede ser, el que puede llegar: la futura figura del toreo, o acaso, el futuro "fenómeno". Yo sé que para los subestimados torerillos significa mucho y mucho estiman que algún personaje se digne saludarlos o dirigirles algunas palabras, que algún personaje de esta nuestra fiesta brava, se digne saludarlos diga algo favorable de ellos. Y el día que ven sus nombres en letras de molde o sus retratos impresos en algún periódico, es para ellos día de fiesta. Ya se sabe algo de ellos, ya se sabe que existen; acaso aquello signifique los inicios de una carrera triunfal.
Yo no puedo negarles estas pequeñas alegrías a los humildes de la fiesta y siempre les tiendo la mano y los trato con afecto y cordialidad, sin importarme sus ropas raídas ni sus zapatos rotos. Si llegan a encumbrarse lo más seguro es que me desconozcan, pero lo veo como cosa natural porque la gloria y la riqueza marean y hacen flacas las más robustas memorias. Ms el desaire o el olvido no impiden que vuelva a tender con igual afecto mi mano al nuevo, al siempre renovado torerillo, porque el torerillo para mí puede cambiar de apariencia, pero en el fondo sigue siendo un símbolo de la fiesta.
Así, con la cordialidad de siempre, he charlado con dos novilleritos anónimos y como a todos, los he tratado de "usted" para que se sientan "importantes" dentro de su modestia, para evitarles lo incómodo y hasta lo humillante de un tuteo que los cohíbe y desconfía, porque no puede ser recíproco. Estos novilleritos son Ignacio Sánchez y Anselmo Galindo. Novatos con verdura y ternura de ejote: son muy jóvenes, casi unos adolescentes, y me han hablado con un entusiasmo muy a tono con su fresca juventud, de sus inicios toreros, de sus ilusiones, de sus proyectos´.
Doradas ilusiones que cuelgan de los encajes de nubes lejanas… ¡ilusos, soñadores! Pero, ¿qué sería de la juventud. si no soñara, si no ambicionara, si no anhelara gloria, riqueza y poder?
Ignacio me ha dicho que ya se siente capaz de afrontar la prueba máxima (una oportunidad en el primer coso de América), porque hoy el torero tiene que empezar muy joven y retirarse antes de la madurez, ya que su carrera artística debe ser muy corta, porque el público, siempre insaciable de "novedades", se aburre pronto de los ídolos que él mismo fabricó.
-Efectivamente contesto yo convencida de los argumentos perfectamente fundados de Ignacio-, la vida artística del torero de hoy debe ser muy breve, y por eso es que debe empezar muy joven, pero joven y todo debe tener cierta preparación para lanzarse a la aventura máxima que decidirá su destino.
El chico se queda pensativo por unos momentos y responde: 
-Hace menos de dos años que me inicié. He toreado en varias ferias. Usted que sabe de estas cosas, ya sabrá lo que uno "traga", por ejemplo, en las ferias del Estado de Jalisco, en Autlán de la Grana, en Jalostotitlán. El que torea por esos rumbos casi se cura el espanto. Echan toros como catedrales y no es eso lo peor, sino ¡lo que saben los angelitos! Después de torear "eso" y los cebúes que embisten a brincos y patadas, creo que ya se puede torear cualquier cosa.
-El toro de casta no es "cualquier cosa".
-También he toreado de casta, no muy buenos, pero ya sé poco más o menos que lidia hacen… cómo embisten, y, ¿qué importa lo poco o lo mucho que haya toreado, ¿qué importa si sólo llevo doce toros estoqueados? A la "México" han salido muchachos que han toreado muy poco, que quizá hayan matado menos toros que yo, y ya ve usted, se han arribado, han cortado orejas, han triunfado, en fin... ¿por qué yo no podría hacer igual que ellos, si como ellos saldría dispuesto a "montarme" en los toros, a entregarme al público?
-Es cierto, pero a veces por firmes que sean los propósitos de triunfar, "algo" que lo mismo puede ser el toro, que el público, que las circunstancias, que cualquier azar desfavorable, puede echarlo a rodar todo y un fracaso ahora significa.
-Si, ya lo sé -responde Ignacio-, "cortarse la cabeza". Hoy se entiende por fracaso no cortar orejas, no salir en hombros, no armar el "taco", ya lo sé... pero aun así me arriesgaría, porque así están las cosas: a cara o cruz. O lo gana ο lo pierde uno todo. Y ni modo, hay que arriesgarse.
Como ustedes ven, el muchacho tiene energía y sentido de la realidad y eso cuenta mucho en estos tiempos positivistas. El tiempo dirá si Ignacio Sánchez tiene "con qué" hacer un triunfo de la oportunidad, de la soñada oportunidad, si llegan a dársela, en nuestra catedral taurina.
Semanario Multitudes. 24 de agosto de 1948.

martes, 19 de mayo de 2026

FRANCISCO ISUNZA "CAMAMA"

Banderillero.
Hermano de otro torero, Ignacio Isunza.
Hacia 1919/1920 actuaba en las plazas de toros de Jalisco.
Toreó a las órdenes de Juan Silveti y Rodolfo de los Santos "Templaíto de Sevilla".
Falleció en la Ciudad de México el 23 de marzo de 1947.

VICTOR REYES

Matador de novillos y puntillero.
Se presentó en la Plaza de toros El Toreo el 15 de julio de 1932. Alternó con Agustín García Barrera e Ignacio Gómez "Gallito de Guanajuato" con novillos de Albarrada.

ENTREVISTAS 
VÍCTOR REYES

Nos place traer a esta página a un modesto de la fiesta. A VICTOR REYES el héroe de la corrida del domingo 27, cuya hazaña aún se comenta en los círculos taurinos. Las crónicas se volcaron en elogios para "el que acabó con el cuadro". En el aparador de una céntrica casa comercial se exhibe una preciosa acuarela representando el momento en que el modesto puntillero lanzaba la puntilla través del aire para clavarla con precisión maravillosa en el centro del cerviguillo del toro, en la clásica suerte de atronar "a la ballestilla". Hasta una turista ha enviado un gran ramo de flores al héroe y una perfumada tarjetita con afectuosa dedicatoria. Todavía cuando entrevistamos a VICTOR llovían sobre él las palmaditas y los "¡enhorabuenas!".
Pero no es la cosa del momento tan brillante como transitoria, lo que nos ha hecho acercarnos a VICTOR para que nos cuente sus impresiones. Su hazaña es digna de todo elogio. En un momento VICTOR retrocedió la fiesta por años, por lustros para situarla en su época de sus más recias y añejas tradiciones. Dio vida y realismo a una de aquellas célebres estampas de Goya o de Perea inmortalizando las suertes originales del toreo que cada vez fueron practicándose menos, hasta ser olvidadas e ignoradas en el correr de los años.
Con todo, no fue eso lo más importante de la hazaña de VICTOR. La apoteosis de alarde magnífico, fue -y ojalá no sea transitoriamente- la reivindicación de un elemento importantísimo de la fiesta, pero injustamente subestimado: el subalterno.
Sí, el subalterno anónimo colaborador del matador en el triunfo y sufrido cirineo en el fracaso. El subalterno para el que son todas las duras y raramente alguna madura. Viejo es el cuento: el subalterno tiene que hacerle al "avío" al matador. Para eso sale, para eso cobra. Cierto. Pero que ¿como hombre y como torero no tiene derecho a las glorias de la fiesta en la que expone su vida y a la que entrega su esfuerzo y su sacrificio? 
El complejo de inferioridad del subalterno lo ha creado el egoísmo del matador y la indiferencia del público. Los matadores han inventado el cuento del "robo de las palmas", y el público se lo ha creído sin mayores reparos. Pero cuento o no cuento, no debe existir, porque nunca el subalterno le puede quitar las palmas al matador, pues la labor de uno y otro son bien distintas y bien diferentes sus categorías.
Tampoco queremos decir que el subalterno salga en plan de exhibirse y a "caracolear" como las jacas de don Alvaro, pero si que puede mejorar su importante labor desatendiéndose de ese complejo de inferioridad que lo lleva a desempeñar su cometido con mediocridad e indiferencia.
En la fiesta de toros todos aquellos elementos que la integran tienen derecho al aplauso. En el espectáculo obra un círculo de circunstancias, de imprevistos que en cualquier momento pueden constituir en héroe al más modesto de sus comparsas. Todo aquel que so expone a los peligros del espectáculo tiene derecho a gozar sus glorias. Y creemos que si al subalterno se le reconoce su importancia dentro de la fiesta, esta mejoraría en orden y calidad, toda vez que el numeroso elemento subalterno libre de complejos y temores, desempeñaría más atingentemente su labor.
Por todo lo anterior, es que decíamos que VICTOR REYES dignificó al gremio subalterno, y que
su reivindicación no sea cosa del momento sino perdurable para su bien y para el bien de la fiesta misma.
Y ahora oigamos lo que nos dice VÍCTOR:
-Pues si... la arriesgué. La arriesgué porque hay que ver que el torero no sólo se arriesga en lo que hace al peligro, sino también en cuanto hace al ridículo, que es peor para el torero que tiene estimación de sí mismo. En una fracción de segundo yo pensé en todo a lo que me exponía: a fallar, a levantar al toro, a enfadar al matador y a que el público me silbara o tomara a chufla mi intento. Así es que mi acto fue consciente y si la suerte salió bien, no fue "chiripa", aunque clara está que en las "suertes" del toreo ayuda mucho la suerte, esa cosa indefinible y que no podría explicar... bueno... es algo así como que todo se junta para favorecer un algo, una cosa, un acto ¡qué sé yo!
-Bueno, y una vez que se arriesgó…
-Procuré controlarme. Yo sabía que si me acercaba demasiado al toro, se levantaría, porque todavía no estaba muy muerto que digamos. Me equilibré bien, tomé la distancia justa y ¡ahi va eso! lancé la puntilla "a la ballestilla" y lo demás ya lo saben todos: dio en la mera "chapa" y el toro se murió...
-Como si lo hubiera tocado el rayo. Ahora explique usted en qué consiste la suerte "a la ballestilla".
-Más que cuestión de fuerza, es de precisión, de cálculo. Es como el tirador que observa el blanco y dispara. Uno mide la distancia, el lugar preciso en que debe clavarse la puntilla, afianza bien ésta, dobla el brazo sobre el codo y arroja la puntilla de arriba hacia abajo, trazando un segmento de círculo. En esto juega papel muy importante la soltura de la muñeca que debe estar adiestrada por una práctica constante. En esta y todas las suertes del toreo, la práctica es la base, lo fundamental. Ya al ejecutar la suerte, el toreo echa sabor, sentimiento o alegría según su temperamento o su manera de interpretar el toreo.
-Pues usted le echó a la suerte un sabor clásico y añejo, que pareció desparramarse por el ruedo la gloriosa polilla de las viejas tradiciones.
-¡Ah! cómo serán ustedes los periodistas... siempre con sus palabras bonitas... Bueno, yo las agradezco porque sé que no tiene por qué "dar coba" a un torero tan humilde como yo.
Para el toro no hay humildes ni poderosos. Aquel que sepa hacerle cosas", es que vale. ¡Que se acabe ese complejo absurdo, VÍCTOR! Cada quien en lo suyo puede ser muy bueno. ¿O cree usted no tener derecho al aplauso? ¿Es que su trabajo no implica responsabilidad?
Sí, desde luego que sí. ¡Ya lo creo que sí! Tan es eso, que ya ve usted: en cuanto uno falla o para un toro, la silba que se gana ¡y lo que le gritan a uno! De a feo... amén de que el matador y el apoderado y todo el mundo le echan "la burridora". En cambio hay ocasiones en que uno apuntilla bien y pronto a los toros que los matadores se han dejado casi vivos y ni quien lo tome en cuenta. Ahora que por esta vez yo no puedo quejarme: me han dado una ovación que de verdad, ya se me estaban saliendo las de San Pedro ¡qué cosa más emocionante es una ovación!
-Es que el público sabe apreciar lo bueno: comprendió lo difícil de la suerte y lo bien ejecutada que estuvo. ¿Ha verificado la suerte en otras ocasiones?
Hace muchos años la ejecuté por primera vez en la placita "Merced Gómez" de Mixcoac, en una charlotada. También en esa ocasión me la festejaron mucho, a pesar de lo informal del festejo. Después en la placita del Charro, cerca de Chapultepec, volvía a ejecutarla, ahora a toro parado.
¿No es así, más difícil o peligrosa?
-Más difícil porque se necesita que el toro esté perfectamente quieto y descubriendo el cerviguillo. Si "se le hace" a uno y el toro cae como partido por el rayo, la cosa resulta muy emocionante y espectacular. En las plazas de categoría no se puede hacer "la ballestina" en esta forma, porque el reglamento ordena que el toro se apuntille cuando está echado. También en el Rastro de Tacubaya he ejecutado varias veces "la ballestilla" para estar diestro por si se me presenta ocasión para ejecutar la suerte en alguna plaza de postín. Ya le digo, es muy arriesgado, por, a más de fallar se hace el ridículo y a lo peor hasta el matador le quita a uno la "chamba".
-Usted fue novillero ¿verdad?
-Si empecé a torear en el Rastro de Tacubaya. Por el año de 21 debuté como novillero en la placita "Merced Gómez" de Mixcoac. Tuve éxito, toreé bastante. En "El Toreo" me presenté en la corrida a beneficio de los Damnificados de Colima. No estuve mal, pero no me repitieron. Después me fui a la provincia y corrieron los años. Algo así, como ocho... y como viera que la suerte no me había ayudado para ver realizadas mis aspiraciones y las facultades venían a menos, dejé el estoque y la muleta y me incorporé a la cuadrilla bufa de "Frascuelillo" para hacer "El Bigotón". Pero aquello nunca me gustó. Prefería el toreo serio. Y como tenía facilidad para la puntilla, senté plaza como puntillero... y así, hasta la fecha.
-¿Es cierto que enseña y ayuda usted a varios muchachos que quieren hacerse toreros?
-No tengo por qué negarlo. Es cosa de afición ¿sabe usted? por-que eso no me quita de pobre. Ade-más, yo hago la cuenta de que si yo no pude ser, sí puedo ayudar y enseñar a algún o algunos muchachos que lo tienen todo para ser lo buenos toreros. Claro que no agradecen, pero yo no lo haga por eso. Nada más que encuentro satisfacción en hacerlo, por eso... por la afición que nunca se le acaba a uno y que parece aumentar a medida que pasan los años. Acaba uno por querer la fiesta como a su madre, como a su novia, aunque como las mujeres de repente de "el volteón". Pero ni modo, la sigue uno queriendo. Sólo así entiendo porque me emocioné tanto, pero tanto! cuando me hicieron dar dos vueltas al ruedo y salir a los medios. Poco más y me suelto a llorar a todo trapo... De verdad: qué linda, qué única, es nuestra fiesta de toros!
Semanario Multitudes. 5 de agosto de 1947.

DARIO PEREZ

Matador de novillos.

El semanario Multitudes decía de él en 1948:
Un joven artista de los ruedos en quien los buenos aficionados han encontrado madera y personalidad para enfocar sus esperanzas. Darío obtuvo recientemente un señalado triunfo en la tarde de su presentación ante la concurrencia de la placita de toros de Tlalnepantla y dejó magnífica impresión por sus buenas maneras de hacer el toreo, principalmente con el capotillo. Este lance de capa habla muy claro de las posibilidades que este joven novillero tiene para llegar a ser una figura de la novillería.