Matador de novillos y posteriormente banderillero.
Nació en Guadalajara, Jalisco, el 31 de marzo de 1905.
En 1923 encabezaba, junto con Nicolás Morales, la Cuadrilla Juvenil Jalisciense.
El 21 de septiembre de 1924 alternó con Cayetano González en la inauguración de la Plaza Circo México. Lidiaron novillos de Cazadero. Completaron el cartel los becerristas Fermín Espinosa "Armillita Chico" y Alberto Vara "Varita".
Fue fundador de la Unión Mexicana de Picadores y Banderilleros (17 de julio de 1933).
Del semanario Multitudes, octubre de 1946:
FELIX ROMERO
Bajo un sol de fuego caminaba silenciosa la cuadrilla de torerillos, que emprendían el regreso a la ciudad de torear es un pueblito a dieciocho o veinte leguas de distancia de la fonda en que se hospedaban. No había medio de comunicación y los torerillos turnaban monta de un par de caballejos a cuál más escuálidos.
Con todo, la caminata era por demás penosa por los pesados avíos que había que transportar y el intenso calor característico de las zonas áridas y despobladas.
Por si las circunstancias no eran nada gratas, el jefe de la cuadrilla con humor de todos los diablos, hacia blanco de sus enojos a los torerillos “atajo de maletas y coyones".
Cierto que las cosas no habían salido bien, pues les soltaron cada “barbas” como para quitar de torero al más pintado. Pero el cabecilla presa de una rabia incontenible pensaba que aquello no tenía atenuante ni perdón y descargaba sus iras sobre los sedientos y fatigados torerillos. A uno sobre todo, un chavalillo de tez trigueña y grandes ojos negros lo colmaba de improperios y cuchufletas: ¿Tú torero? No me hagas reir... con ese miedo no podrás ni encender un cerillo ¡grandísimo idiota, si has clavado en la cola! y cómo se rieron de ti y de tu "maistro".
-Eh, muchachos, cuidadito y montan a éste, que se vaya a pie ¡y quiera Dios y se le escalden los pies para que nunca más se ponga las zapatillas de torero!
El chico lloroso y cabizbajo seguía la marcha con la resignación de los infortunados. Pero en la cuadrilla iba un muchacho rubio y espigado que compadecido de su compañero de fatigas, a hurtadillas del "jefe", montaba en largos trechos al chaval trigueño para que descansara un poco. Y unos ratos a pie y otros montado, al torerillo se le hizo menos penoso el viaje. Sólo decía al "Güero", de vez en vez: "gracias, compañero". Más cuando llegaron a la fonda, el chico se "soltó el pelo" -Esta tarde que nunca olvidaré, sólo tú has tenido compasión de mí. Yo no te digo cuando, pero llegaré a matador de toros y tú serás mi banderillero de confianza. Y selló su dicho y su amistad con un fuerte apretón de manos.
Corrió el tiempo y quiso el destino hacer buenas las palabras del torerito. Y desde aquella tarde esplendorosa en que recibió con todos los honores la anhelada alternativa, tuvo a su lado en las duras y las maduras, a aquel muchacho rubio y espigado que supo ser amigo en los momentos de infortunio.
Lector: este relato más parece cuento que verdad y sin embargo es realidad absoluta. Su fondo a fuerza de ser profundamente humana, podría ser tema para una novela sentimental. Sin embargo, no olvidamos que esta página la destinamos a publicar simples biografías. Hora es ya pues, de que demos a conocer los nombres de los protagonistas de esta anécdota. El muchacho trigueño que llegó a matador de toros se llama José González y se apoda "Carnicerito de México" y el chaval "rubio y espigado" que se compadeció de su vapuleado compañero de fatigas, Félix Romero, más conocido en el medio taurino por el "Güero Félix", nuestro biografiado de hoy.
Félix Romero nació en Guadalajara, Estado de Jalisco en el año de 1906. Desde chico sintió profunda atracción por la fiesta brava, y se las ingeniaba para entrar a la antigua plaza del "Progreso" con boleto o sin él. Ahí vio α los toreros que gozaban de más cartel por aquellos rumbos y pensó lo agradable que sería ganar el dinero a espuertas y llevarse al hotel carretadas de palmas. Sobre todo ¡qué gana de vestir esos trajes recamados de oro y pedrería! Ya con el "jormiguillo" retozándole por todo el cuerpo Félix se lanzó con todos los ardores de su juventud y su afición al peligroso oficio. Tras algunos ensayos, sentó plaza como banderillero en la "Cuadrilla Juvenil Jalisciense" en la que permaneció por espacio de dos años.
Probó suerte con el estoque y como las cosas vinieron mejor de como él las esperaba, se trasladó a México, debutando en el año de 1923 en la plaza "Chapultepec" con gran éxito. Como repitiera con igual suerte, afirmó su cartel y toreó varias novilladas en el Distrito Federal. Posteriormente realizó una jira por toda la República en la que toreó la friolera de 150 festejos, siendo la plaza de San Luis Potosí teatro de sus más brillantes hazañas, hasta el punto de torear en ella catorce novilladas consecutivas con otras tantas salidas en hombros y alternando con lo más granado de la novillería de aquel entonces: Julián Rodarte, José Ortiz, Armillita Chico y otros de no menos prestigio. La cosa pues, marchaba viento en popa para el "Güero", que creyó que todos los días serían gloria y dejó, ingenuamente, que corriera el tiempo...
Vinieron las duras y él se "alivió" con un empleo que le era remunerado espléndidamente. Pero no podía abandonar del todo sus antiguas actividades: de vez en vez toreaba por ahí lo que le salía, a cualquier precio, donde fuera, el caso era vestirse de luces para recordar su época de oro.
Fue entonces que "el muchacho trigueño” de la anécdota que relatamos en párrafos anteriores, esto es, "Carnicerito", recibió la alternativa y llamó para que se incorporara en su cuadrilla. Como banderillero y peón de confianza del valiente espada, el "Güero toreó la friolera de 150 corridas verificades en todas las plazas de la República, especialmente en las del norte donde "Carnicerito" gozaba de gran popularidad.
Desafortunadamente al valiente "Carnicerito" pese a sus brillantísimas temporadas en "El Toreo" y las plazas de provincia, le empezaron a soplar mal los vientos. Las corridas eran cada vez más escasas y por razón natural. el diestro tapatío dejaba en absoluta libertad al "Güero" para que toreara con quien quisiera, cuando él “no tenía toros".
Así fue como tras varios años de servicios con "Carnicerito", en el año de 43 se consideró "suelto", saliendo en las cuadrillas de matadores tan postineros como Garza, Armillita y "El Soldado".
Félix Romero es un peón hábil y discreto, de esos que todo lo hacen y pocos se aperciben de ello, vamos, de esos que se dejan "ver poco". Con el capote torea poco y bien y sobre todo haciendo siempre lo que el torero pide. Con las banderillas es fácil, rápido y seguro y en cuanto a su colocación, basta decir que es de los muy pocos que saben dónde andar y por qué, rara cosa en estos tiempos en que el subalterno parece que sale en plan de pelearles las palmas a su propio matador en su afán de sobresalir, no siempre a base de torerismo, sino por mero afán de exhibición.
En cuanto a la labor del "Güero" como "providencia" del matador hay mucho que decir. En la imposibilidad de festinar todas sus brillantes faenas a este respecto, nos concretamos a decir que aquel maestro de la crónica y la crítica taurinas que se llamó Carlos Quiroz y firmó sus maravillosos artículos bajo el seudónimo de "Monosabio" elogió en varias ocasiones la labor de Félix Romero como subalterno eficaz y auténtica "providencia" de toreros tan audaces y temerarios como "Carnicerito". Y cuando ese señor elogiaba a un torero, era porque efectivamente, lo merecía. Los brillantes párrafos que "Monosabio" dedicó al "Güero Félix" seguramente que deben ser para este torero algo así como las orejas cortadas en tardes triunfales.
En la vida artística de Félix Romero han abundado los momentos de triunfo y brillantes y en la imposibilidad de reproducirlos todos, nos referimos sólo a dos: en el año de 35, en su debut como novillero en "El Toreo", Félix toreó a un novillo tan extraordinariamente con el capote que probablemente a ese momento de sin igual brillantez debió mucho del cartel que gozó en las plazas del Distrito Federal y la provincia. Otra tarde en el año de 36, banderilleó a un toro de Peñuelas tan magistralmente, que la ovación que le dio el público duró largos minutos, teniendo el matador que esperar que se apaciguara el entusiasmo popular para entrar en funciones.
Muchos de esos momentos deseamos al magnífico peón, que a través de los años ha sabido mantenerse en un plan de eficacia y oportunidad indiscutibles.

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